Después de tres años de “silencio” artístico, M.I.A. regresa a la web (que la vio nacer como cantante hace cinco años) para promocionar nuevo disco. De origen Tamil y artista visual reconocida antes de su paso por los escenarios, la rapera está haciendo vibrar hasta la fibra óptica con su mezcla de glamour fashion y letras cargadas de razones política. ¿Quién la parará?
Una pistola roza el cráneo y le levanta el pelo rojo a un niño de doce años. Parado en un campo minado, un policía armado de pies a cabeza le dice que corra. Él no se mueve más que para mirar a los otros, parados como él, que tampoco tienen ya fe en su suerte. No suena el disparo pero la bala le hace un surco en la sien y sale del otro lado con un chisguete de sangre que rebota a la cámara.
Era un niño lindo, pecoso y rosado. Pero con el pelo rojo.
El último video de M.I.A., artista británica de origen Tamil, fue censurado de youtube el día de su estreno en la web. Dirigido por Romain Gravas (hijo del controversial director griego Costas-Gravas), el corto, que dura nueve minutos, retrata a un grupo de jóvenes pelirrojos que son capturados y asesinados por las “fuerzas del orden”. Se entiende: las minorías son perseguidas solo por ser minorías. ¿Pero qué pensar de un gobierno que persigue jóvenes pelirrojos… y los mata? Sería absurdo si no fuera tan común.
V.I.S.A.
M.I.A. está a punto de lanzar su tercer disco (MAYA) y dice que no quiere dejar de dormir en sillones ajenos. También dice que no sabe jugar el juego de la industria musical, que Gwen Stefani llegaría al número uno con cualquiera de sus singles, pero ella no. Que Bono no sabe de lo que habla, cuando habla de Africa. Pregunta a los reporteros si es necesario que hable un hombre por ella (para que la escuchen) y que si piensan que los del tercer mundo no tenemos nada qué decir. Dice que no le interesa que piensen que es una vendida. Que con la plata que ganó al vender una canción para un comercial de la automotriz Honda, le pagaría a 25 familias en un país del tercer mundo un medio para subsistir.
Tiene treinta y cuatro años y pasó nueve de ellos huyendo y refugiándose con su familia entre Sri Lanka e India. Luego se pasó otros tantos buscando igualdad de condiciones en Hounslow, Londres, donde llegó como refugiada con su madre y dos hermanos. Ella nació en Londres, pero eso no importa. Eso, no le aseguró una visa para entrar a Estados Unidos en el 2007 cuando tuvo que posponer por seis meses el lanzamiento y grabación de su segundo álbum, Kala. Eso no impidió que, teniendo un hijo americano, ella fuera prohibida de salir del país sin posibilidad de regresar. Eso, no impide que a su familia no le den visas para ir a visitarla a pesar de ser dueña de una disquera, tener su propia marca de ropa y una nominación al Oscar.
Será porque su inglés es motoso, de barrio. Lo aprendió a los nueve años, a su regreso a Londres. Cuando terminó el colegio buscó la mejor educación posible. Pero fue justamente ese acento el que le impedía conseguir trabajo. Igual lo hizo. Estudió arte y cine en Central Saint Martin’s, quizá la más prestigiosa escuela de diseño del Reino Unido. Fue roomate de la diseñadora Luella Bartley, John Singleton le pidió que trabajara con él en una película, dirigió un video para el grupo Elastica y, finalmente, aprendió a componer canciones con una grabadora de cuatro pistas y un 505, un secuenciador de batería que utilizan los raperos para sacar ritmos. Aunque no por ello acabaron sus problemas con las visas.
Boca a boca
Cuando ves Slum Dog Millionaire (Quiero ser millonario, como la tradujeron al castellano) empiezas a creer en las noticias que revelan que, en India, hay más personas con acceso a un celular que a un baño. Que las madres no pueden encargarse de sus hijos porque no tienen derecho a trabajar, que los niños huérfanos no tienen mayor destino que terminar ciegos mendigando en la calle a manos de algún sujeto inescrupuloso. “All I wanna do (bang, bang, bang bang) and take your money”.
Ella: niña, mujer, tamil (minoría, minoría, minoría) aprendió a sortearse en un mundo ajeno al suyo cultural, política y socialmente. En Sri Lanka, en India, luego Sri Lanka nuevamente donde una redada la dejó sin colegio y, finalmente, en un hood de Inglaterra. Componer la canción que luego aparecería en esta película ganadora del Oscar no se puede decir que fue su mayor logro.
Cuando le preguntan si siempre fue política ella responde que cómo no serlo. “Tengo que ser fiel a eso. Hay cosas que no se pueden anular. Tengo una formación política. La única razón de que esté en Inglaterra aprendiendo este idioma y construyendo una vida en esta sociedad es por razones políticas. ¿Por qué lo negaría?”. Y sus razones para incursionar en la música son las de cualquier melómano: por el puro gusto. En su caso, sin embargo, la oportunidad no le llegó, ella la creo con sus manos.
Hizo seis canciones para un demo y se movió por universidades y radios para difundirlas. En las radios rebotó. Su mezcla de ritmos rapeados y electrónicos, sus influencias culturales indias y negras, sus letras políticas y sus antecedentes artísticos la hacían “no creíble” para el público masivo, según le dijeron. En cambio, eso mismo fue lo que los bloggeros musicales amaron y eso fue lo que trazó su camino a la fama. “Hacer tanta cosa junta”, como dijo en una entrevista.
Perdida en NY
Su primera exhibición de pintura fue en el 2001, exponía graffiti y lienzos pintados con spray que combinaban arte callejero con alusiones políticas de los tamiles, los tigres del emblema del movimiento político de su padre (La Organización Revolucionaria de Estudiantes Eelam), con imágenes de la vida en Londres y la cultura de consumo. En el 2002 le salió un proyecto, hacerle el arte a un disco de la banda británica Elastica y perseguirlos en un tour por Estados Unidos documentando la gira. Ahí conoció a Peaches, el telonero de la banda, un artista electroclash que le sugirió que experimente con música.
A su música la clasifica como “otra” cuando se le pregunta acerca de su género. Le gusta la música dance, de niña escuchaba los soundtracks de las canciones de Bollywood, en Inglaterra su formación fue más sobre la base del Hip hop y la electrónica. Pero su música es “otra”. “Nadie quiere bailar canciones políticas. Cada pedazo de música que está sonando masivamente es en realidad sobre nada. Yo quería ver si podía escribir canciones acerca de cosas importantes pero que sonaran como si no fuera nada. Y más o menos que funcionó”.
El 11 de mayo de este año sacó el primer single de su nuevo disco a través de la web de su disquera N.E.E.T, a la que también le hace el arte en su blog. Su disco, para variar, pospuso su salida hasta el 13 de julio, pero su intención sigue siendo la misma. “Born Free”, su padre, las visas, son partes de un todo que la consume y la alimenta. “En América la norma, para la mujer, es ser marioneta de alguien”. Con razón no le dan la visa. Y las siglas de su nombre artístico: “missing in action”, cobran completo sentido en la tierra de la Estatua de la Libertad.
(Este fue mi texto sin editar)
Posteado: 27-04-2010 | Autor: ursula.bertello | Categoria: diario. | No comments